SUPERBICHO: CANCIONES PARA VOLVER A TRANSPIRAR EL ROCK
Con guitarras filosas, tres voces al frente y un vivo construido alrededor del contacto con el público, Superbicho empieza a ocupar un lugar propio en la escena porteña. Su primer disco, La excusa de hoy, recupera la dimensión física del rock sin quedar encerrado en sus formas más previsibles. Las guitarras suenan filosas. Los cuerpos […]

Con guitarras filosas, tres voces al frente y un vivo construido alrededor del contacto con el público, Superbicho empieza a ocupar un lugar propio en la escena porteña. Su primer disco, La excusa de hoy, recupera la dimensión física del rock sin quedar encerrado en sus formas más previsibles.
Las guitarras suenan filosas.
Los cuerpos se empujan cerca del escenario. Una zapatilla queda pegada al piso húmedo. El cable del micrófono pasa entre los pies y alguien canta con la remera adherida a la espalda.
El aire cuesta un poco más.
Superbicho parece construir su identidad desde esa experiencia física. No entiende el recital como la reproducción prolija de canciones grabadas, sino como el lugar donde esas canciones deben encontrar otro cuerpo.
La banda comenzó a instalarse en el circuito porteño desde principios de 2025, aunque ya venía haciendo ruido desde finales del año anterior. Primero apareció un sencillo doble. Después llegaron las presentaciones agotadas y la decisión de trabajar el vivo como principal territorio de aprendizaje.
Ahora ese recorrido tiene su primera forma extensa.
La excusa de hoy, su álbum debut, ya se encuentra disponible en plataformas digitales y fue presentado a sala llena en la ciudad de Buenos Aires pocos días después de su lanzamiento. El quinteto está integrado por Ramiro Rozdolski, Manuel Lanús y Fausto Benassi en voces y guitarras, Lucas Somalo en bajo y Alfredo Bernardi en batería.
Tres guitarras.
Tres voces.
Un bajo y una batería encargados de sostener el movimiento cuando todo alrededor parece dispuesto a desbordarse.
UNA MEMORIA QUE PERMANECE EN EL CUERPO
En Tumé hay un galpón donde alguna vez ensayó una banda.
Nadie recuerda bien su nombre. Quedaron algunas marcas sobre el piso, una zapatilla embarrada detrás de una puerta y el olor a humedad mezclado con el polvo de los amplificadores. Cuando llueve, la chapa devuelve un ruido tan fuerte que resulta imposible escucharse.
Los músicos siguen tocando.
No para vencer a la tormenta.
Para comprobar que todavía pueden encontrarse debajo de ella.
Algo de esa necesidad aparece en Superbicho. La banda toma elementos del cancionero argentino y de la tradición del rock barrial, pero intenta apartarse de sus gestos más reconocibles. No reproduce una épica prestada ni convierte el barrio en una decoración. Busca una crudeza propia.
La diferencia no está solamente en el volumen.
Está en la cercanía.
En una época atravesada por canciones diseñadas para circular rápidamente, Superbicho parece recordar que el rock también fue una cuestión de temperatura. Una sala pequeña. El golpe del bombo contra el pecho. La madera de una guitarra marcada por el uso. El olor del cable caliente, la cerveza derramada y la ropa mojada después del último tema.
El cuerpo entiende antes que cualquier algoritmo.
Sabe cuándo una canción lo atraviesa.
EL DISCO COMO PUNTO DE PARTIDA
La excusa de hoy no funciona como la coronación de una trayectoria extensa. Es el registro de una banda que todavía está descubriendo la medida de su fuerza.
Allí está parte de su atractivo.
Las canciones no llegan cubiertas por una historia ya resuelta. Conservan el riesgo de aquello que todavía puede desviarse, crecer o cambiar de forma sobre un escenario. Superbicho no parece buscar la perfección inmóvil de una pieza cerrada. Trabaja con una energía que necesita ponerse a prueba frente a otros.
Por eso el vivo ocupa un lugar central.
La canción empieza en los instrumentos, pero termina de construirse cuando alguien se acerca al escenario, levanta un brazo o canta una frase sin medir la afinación. En ese intercambio, la banda deja de tocar delante del público.
Empieza a tocar con él.
No es poco para una escena que durante años discutió si el rock había perdido su capacidad de generar una experiencia compartida. Superbicho no responde esa pregunta mediante una declaración. Enchufa los instrumentos, cuenta cuatro y deja que sean los cuerpos quienes decidan.
LO QUE TODAVÍA HAY QUE ESCUCHAR
Un primer disco permite reconocer una dirección, pero no alcanza para explicar por completo a una banda.
Quedan las letras, las tres voces, la relación entre las guitarras y la forma en que La excusa de hoy transforma esa energía del escenario cuando entra en el estudio. Queda también una pregunta más grande: qué puede aportar Superbicho a una generación que heredó la memoria del rock, pero necesita encontrar su propia manera de transpirarla.
Por eso esta presentación no busca cerrar una lectura.
La abre.
Próximamente, Intervalo realizará un análisis especial sobre La excusa de hoy y el trabajo de Superbicho: sus canciones, su construcción sonora y esa forma física de entender el encuentro entre una banda y su público.
Por ahora alcanza con acercarse.
El piso todavía está húmedo.
Los amplificadores siguen encendidos.
Y algo, debajo de la remera, vuelve a moverse.
