SKAY BEILINSON
Skay Beilinson construyó uno de los sonidos más reconocibles del rock argentino. Su guitarra no se apoyó en la exhibición técnica ni en la velocidad: desarrolló un lenguaje basado en riffs precisos, melodías breves, climas psicodélicos y una forma particular de administrar el silencio. Bastan unas pocas notas para reconocer su presencia. Su formación comenzó […]

Skay Beilinson construyó uno de los sonidos más reconocibles del rock argentino. Su guitarra no se apoyó en la exhibición técnica ni en la velocidad: desarrolló un lenguaje basado en riffs precisos, melodías breves, climas psicodélicos y una forma particular de administrar el silencio. Bastan unas pocas notas para reconocer su presencia.
Su formación comenzó en la efervescencia cultural de La Plata. Durante su juventud participó en grupos como Diplodocum Red & Brown y se vinculó con La Cofradía de la Flor Solar, comunidad artística en la que convivían músicos, artesanos, actores y poetas. En ese ambiente conoció al Indio Solari y comenzó una sociedad creativa decisiva para la música argentina.
En 1976, junto con Solari, la Negra Poli y otros integrantes de aquella escena platense, dio origen a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El proyecto comenzó como una experiencia escénica colectiva: las primeras presentaciones incluían números teatrales, monólogos, bailarinas y músicos que cambiaban de una función a otra.
Con el tiempo, Los Redondos se transformaron en una banda estable. La dupla formada por la guitarra de Skay y la voz del Indio definió el núcleo de sus canciones. Solari aportaba una escritura enigmática y Beilinson construía riffs capaces de convertir esas palabras en experiencias físicas. Alrededor de ellos, Poli dirigía la organización y Rocambole establecía la identidad visual.
Desde Gulp! hasta Momo sampler, Skay participó en la creación de una obra que atravesó el rock, el blues, la psicodelia y la experimentación electrónica. Su guitarra sostiene momentos fundamentales como “Todo un palo”, “Un poco de amor francés”, “El pibe de los astilleros”, “Motor psico” y “Juguetes perdidos”. Fundación Konex
Después de la separación de Los Redondos en 2001, inició una nueva etapa artística. En 2002 publicó A través del mar de los Sargazos y asumió por primera vez el lugar de cantante principal. No buscó reconstruir su antigua banda: conservó la identidad de su guitarra, pero desarrolló un universo propio, más cercano al viaje, la mitología, los desiertos, los laberintos y las figuras errantes.
Su discografía posterior incluye Talismán, La marca de Caín, ¿Dónde vas?, La luna hueca, El engranaje de cristal, En el corazón del laberinto y Espejismos. El proyecto adoptó finalmente el nombre de Skay y los Fakires, con Poli nuevamente a cargo de la producción y Rocambole como responsable de gran parte de su universo gráfico.
A diferencia de otros artistas de su generación, Skay sostuvo una actividad escénica constante. Su carrera posterior a Los Redondos ya superó en duración a la historia discográfica del grupo y le permitió construir un repertorio que no depende exclusivamente de aquel pasado. En enero de 2026 presentó “Nubes de paso”, confirmando la continuidad de su producción.
Skay fue reconocido con el Diploma al Mérito de los Premios Konex en 2015 como uno de los solistas de rock más destacados de la década.
Su lugar en la cultura argentina no se explica solamente por haber integrado Los Redondos. Skay es el músico que encontró una forma de hacer hablar a la guitarra sin obligarla a decir demasiado. Un sonido austero y filoso que, después de medio siglo, continúa avanzando.
