POSER: SEGUIR AL CONEJO BLANCO ENTRE EL METAL Y EL POP
Una guitarra distorsionada, una base sostenida por el groove y una melodía que no abandona la memoria del pop de los ochenta. En “Conejo Blanco”, Poser empieza a construir una identidad donde el metal, el punk y el grunge no funcionan como etiquetas acumuladas, sino como fuerzas distintas dentro de una misma canción. Una guitarra […]

Una guitarra distorsionada, una base sostenida por el groove y una melodía que no abandona la memoria del pop de los ochenta. En “Conejo Blanco”, Poser empieza a construir una identidad donde el metal, el punk y el grunge no funcionan como etiquetas acumuladas, sino como fuerzas distintas dentro de una misma canción.
Una guitarra distorsionada entra sobre una base de groove. El sonido tiene peso, pero no permanece quieto. Detrás aparecen la repetición del metal industrial, una tensión cercana al punk y una melodía que conserva algo del pop de los años ochenta.
En ese cruce trabaja Poser.
La banda argentina se formó a fines de 2024, aunque ninguno de sus integrantes llega sin historia. Aldana Xalinas ocupa la voz; Matías Munighini, la guitarra líder; Leonardo López, la guitarra rítmica y los coros; Gabriel Nardone, el bajo; y Nicolás Polo, la batería. Polo integra Asspera y acompaña también a Adrián Barilari. Los recorridos anteriores del grupo alcanzan proyectos como Pulso Crítico, Mastifal, Insobrio y Retrovertigo. Rock & Pop
Poser es una banda nueva formada por músicos que no empiezan de cero.
Esa diferencia se escucha.
El peso y la melodía
Cruzar géneros no garantiza una identidad. Muchas veces sólo produce una enumeración de influencias: una parte pesada, un estribillo melódico y algún gesto de rebeldía colocado para completar el conjunto.
En “Conejo Blanco”, la búsqueda parece más precisa.
El metal industrial aporta densidad y repetición. Las guitarras construyen una superficie dura, mientras el groove evita que esa dureza vuelva rígida la canción. Hay movimiento debajo del peso. El punk aparece menos como una forma cerrada que como una actitud: la necesidad de avanzar sin pedirle permiso a una definición previa.
El pop cumple otra función.
No suaviza el sonido ni aparece para volverlo más accesible. Permite que la canción recuerde su melodía después del impacto. Debajo de las guitarras todavía hay una línea capaz de permanecer en el oído.
Ahí se encuentra uno de los rasgos que Poser puede desarrollar: hacer convivir el golpe con la memoria melódica.
No elegir entre potencia y canción.
Músicos que traen mundos distintos
La formación explica una parte de ese movimiento. Sus integrantes provienen de escenas donde el metal, el hard rock, el punk y el rock alternativo han construido lenguajes propios. Poser no intenta borrar esas procedencias para alcanzar una falsa uniformidad.
Las coloca en tensión.
La batería puede sostener el peso sin convertir toda la canción en una demostración técnica. El bajo y el groove abren un espacio físico. Las dos guitarras permiten trabajar con capas: una establece la base y la otra corta, responde o aumenta la presión. La voz ocupa el centro de una arquitectura que necesita conservar claridad sin desprenderse de la distorsión.
El desafío será profundizar esa convivencia.
Cuando una banda reúne músicos experimentados, existe el riesgo de que cada trayectoria se escuche por separado. Poser parece buscar lo contrario: que los antecedentes funcionen como materiales y no como credenciales.
Lo importante no es de dónde viene cada integrante.
Es qué sonido pueden construir juntos.
El conejo y el tiempo
“Conejo Blanco” permite reconocer el comienzo de esa identidad. La figura también funciona como emblema visual de Poser y reúne dos ideas que atraviesan la propuesta: la obsesión por el tiempo y el impulso de seguir una intuición hacia un territorio desconocido.
El conejo avanza.
No se detiene a explicar el camino ni garantiza qué habrá del otro lado. Su presencia propone una persecución: algo se mueve delante y obliga a abandonar el lugar conocido.
La imagen tiene una historia cultural inevitable, pero Poser no necesita quedar encerrada en una referencia. El conejo puede funcionar como una dirección propia. Es la señal que aparece cuando el tiempo empieza a correr y permanecer quieto deja de ser una opción.
También dice algo sobre la banda.
Sus integrantes podrían haberse mantenido dentro de los géneros y proyectos que ya conocían. En cambio, eligieron formar un grupo donde esas seguridades entran en contacto y pierden parte de sus límites.
Seguir al conejo significa aceptar ese desplazamiento.
El primer salto
Poser todavía está dando sus primeros pasos. Tiene canciones publicadas, una formación con experiencia y una identidad visual reconocible. Pero una banda no termina de constituirse hasta comprobar qué ocurre cuando sus canciones encuentran cuerpos delante.
Ese momento llegará el sábado 17 de octubre en Strummer Bar, donde el grupo realizará su debut en vivo. Allí deberá trasladar la precisión de sus grabaciones a otro territorio: el volumen, la cercanía, el error y la respuesta inmediata del público.
El escenario dirá cuánto puede respirar esa mezcla.
También permitirá saber si el groove consigue mover aquello que las guitarras golpean; si la melodía permanece cuando aumenta la distorsión; y si el conejo blanco puede dejar de ser solamente un emblema para convertirse en una dirección artística.
Poser no necesita decidir todavía si pertenece al metal, al punk, al grunge o al pop.
Su posibilidad más interesante está en otra parte: utilizar esos lenguajes sin obedecer completamente a ninguno.
El conejo ya empezó a correr.
La banda decidió seguirlo.
