Lula Rosenthal: una voz capaz de cambiar de forma

INTERVALOEL DIARIO DEL ROCK
Diagonales

Lula Rosenthal: una voz capaz de cambiar de forma

PorMar Martínez

En ECLÉCTIKA, su primer álbum solista, Lula Rosenthal atraviesa el pop, el rock, el funk, el R&B y la electrónica. Sin embargo, la verdadera unidad del disco no está en un género: está en una intérprete que puede modificar el color, la intensidad y el carácter de su voz hasta convertir cada canción en una […]

En ECLÉCTIKA, su primer álbum solista, Lula Rosenthal atraviesa el pop, el rock, el funk, el R&B y la electrónica. Sin embargo, la verdadera unidad del disco no está en un género: está en una intérprete que puede modificar el color, la intensidad y el carácter de su voz hasta convertir cada canción en una escena.

LO QUE VIENE

El disco comienza a moverse antes de encontrar un lugar definitivo.

Cambia de clima, de lenguaje y de intensidad. Una canción puede apoyarse en el pop electrónico; la siguiente, acercarse al funk, al rock o al R&B. Hay humor, intimidad, deseo, personajes, vínculos familiares y escenas construidas con una sensibilidad que viene tanto de la canción como del teatro.

El título no intenta ocultar esa dispersión.

La convierte en identidad.

ECLÉCTIKA, el primer álbum solista de Lula Rosenthal, reúne nueve canciones producidas por Christian Algarañaz y Diego Ortells. El material comenzó a construirse en 2020 y no nació inicialmente como un disco. Las canciones aparecieron a partir de procedimientos diferentes: algunas surgieron de ideas y demos de Rosenthal; otras, de bases musicales sobre las que desarrolló letras y melodías.

Esa diversidad se escucha.

Pero también abre una pregunta: ¿qué mantiene unida una obra que parece decidida a cambiar de forma en cada canción?

La primera respuesta podría estar en los géneros que atraviesa. Hay un pop-rock contemporáneo que permite pensar algunos momentos del disco dentro de un territorio compartido con Miranda! y Babasónicos: canciones que trabajan sobre el artificio, la sensualidad, la electrónica y una teatralidad consciente de sí misma.

También aparecen otras resonancias.

En determinados pasajes asoma una intensidad cercana a Lula Bertoldi. En otros, especialmente cuando los arreglos retroceden y la interpretación encuentra un espacio más íntimo, puede percibirse una delicadeza que recuerda a Norah Jones.

No se trata de establecer influencias directas ni de encerrar el disco entre cuatro nombres.

Son coordenadas.

Permiten reconocer el espacio al que ECLÉCTIKA parece acercarse: ese pliegue del nuevo pop-rock argentino donde la canción convive con la actuación, el humor, el diseño visual y una producción que puede desplazarse entre lo orgánico y lo electrónico.

Una canción también puede ser una escena

La formación teatral de Lula Rosenthal no aparece como un dato exterior a la música.

Está dentro de su manera de cantar.

Rosenthal no interpreta todas las canciones desde una única personalidad vocal. Modifica el fraseo, la respiración, el volumen y hasta la forma de pronunciar las palabras. Por momentos se acerca al oído. En otros, proyecta la voz hacia adelante. Puede endurecerla, volverla frágil, introducir una inflexión cómica o sostener una nota sin convertirla en una exhibición técnica.

Cada canción parece pedirle un cuerpo diferente.

En “Juguemos”, la voz se mueve dentro de una balada sin quedar atrapada en la solemnidad. La interpretación conserva cercanía, pero administra la emoción: crece, se repliega y vuelve a avanzar sin subrayar permanentemente aquello que la letra ya dice.

“Tía Julián, Tía Rubén” expone otra zona. El formato utilizado para esa canción deja parte de la estructura al descubierto y permite escuchar con mayor claridad el vínculo entre voz, memoria y personaje. Lo familiar no aparece solamente como tema. Entra en la canción a través de los nombres propios, de cierta intimidad doméstica y de una interpretación que parece recordar mientras canta.

En “A mi tiempo”, la participación de Julián Kartun introduce una voz reconocible por su elasticidad y su inclinación hacia el juego. El encuentro resulta natural porque ambos comprenden que cantar también puede consistir en construir un personaje. No se limitan a superponer dos timbres: establecen una pequeña relación dramática dentro de la canción.

El teatro, en estos casos, no significa exageración.

Significa conciencia de la escena.

Rosenthal sabe desde dónde habla cada canción, a quién podría estar dirigiéndose y qué parte de la emoción conviene mostrar. Esa capacidad le permite recorrer estilos distintos sin desaparecer detrás de ellos.

La técnica cuando deja de verse

Lo más significativo de ECLÉCTIKA no es que Lula Rosenthal pueda cantar de muchas maneras.

Es que posee los recursos necesarios para decidir cómo hacerlo.

Hay una diferencia entre una voz técnicamente preparada y una voz capaz de utilizar esa preparación para producir sentido. La primera puede alcanzar notas, controlar el aire y desplazarse entre registros. La segunda sabe cuándo una respiración, una aspereza o una pequeña ruptura expresan más que una resolución perfecta.

En Lula, esa conciencia también se vuelve corporal. Cuando termina una frase, sus manos acompañan la caída de la voz con una delicadeza particular. Los dedos parecen acariciar las últimas sílabas, medir el volumen de una nota o seguir en el aire el perfume que ella misma descubre mientras saborea las palabras. No es un gesto agregado a la interpretación. Es otra manera de cantar: la voz termina en la boca, pero la frase continúa un instante más entre sus manos.

Rosenthal trabaja en ese punto.

Su voz puede ser limpia sin resultar plana. Puede demostrar potencia sin ocupar todo el espacio. Puede incorporar humor sin transformar la canción en una parodia. Puede acercarse a la fragilidad sin perder precisión.

Los matices no funcionan como adornos.

Construyen el relato.

En un disco que cambia constantemente de lenguaje, esa capacidad resulta decisiva. Sin ella, la variedad podría convertirse en catálogo: una canción de cada género, una demostración de versatilidad, una sucesión de posibilidades todavía sin centro.

Ese riesgo existe en ECLÉCTIKA. Por momentos, el deseo de explorar tantos territorios vuelve menos nítida la dirección general del álbum. Esa fue, al menos, mi primera lectura, casi visceral. Sin embargo, al volver sobre las canciones, entendí que en esa amplitud también reside su magia. Cada nuevo pliegue parece alejarla de un centro, pero es allí, precisamente, donde vuelve a aparecer su voz: distinta en cada forma y, al mismo tiempo, profundamente reconocible.

Encontrar un lugar sin quedarse quieta

Lula Rosenthal proviene de una formación atravesada por la música, el teatro, el cine y la televisión. Esa experiencia le dio herramientas, pero también pudo haber planteado una dificultad: encontrar una identidad propia después de haber aprendido a habitar registros, personajes y escenarios muy diferentes.

ECLÉCTIKA no resuelve esa tensión eliminándola.

La convierte en método.

El disco no presenta a una artista que haya decidido permanecer dentro de un único género. Presenta a una intérprete que prueba distintas formas para descubrir en cuáles su voz adquiere una profundidad particular.

Tal vez por eso sus mejores momentos no sean necesariamente los de mayor producción ni los que buscan con más claridad instalarse dentro del pop contemporáneo. Son aquellos en los que la técnica y el personaje dejan de competir, la canción encuentra aire y Rosenthal puede trabajar sobre una inflexión mínima.

Allí aparece algo más difícil de fabricar que un sonido de época.

Aparece una presencia.

ECLÉCTIKA puede escucharse como el ingreso de Lula Rosenthal en una línea moderna del pop-rock argentino. Hay elementos suficientes para reconocer esa intención: el cruce de géneros, el juego escénico, la electrónica, el humor y una manera de construir canciones que no separa la música de su dimensión visual.

Pero reducir el disco a esa ubicación sería perder su rasgo más valioso.

Antes que una artista buscando acomodarse entre referencias reconocibles, Lula Rosenthal es una cantante con una capacidad técnica y expresiva fuera de lo común. Una intérprete que todavía está decidiendo cuál de todos esos lenguajes será definitivamente suyo, pero que ya posee la herramienta principal para construirlo.

La voz.

No solamente la que alcanza una nota.

La que puede hacer que una canción cambie de cuerpo.


Artista: Lula Rosenthal
Álbum: ECLÉCTIKA
Publicación: 22 de abril de 2026
Canciones: nueve
Producción: Christian Algarañaz y Diego Ortells
Participación destacada: Julián Kartun en “A mi tiempo”
Sección: Lo que viene
Investigación y texto: Mar Martínez

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