Kupuka y la estrella que cuidaba su espalda

INTERVALOEL DIARIO DEL ROCK
Umbral

Kupuka y la estrella que cuidaba su espalda

PorMar Martínez

En “Cruz del Sur”, de El Plan de la Mariposa, una constelación acompaña desde el lugar que los ojos no pueden vigilar. En La saga de los Confines, de Liliana Bodoc, Kupuka tampoco señala el camino desde adelante: escucha la tierra, interpreta sus movimientos y recuerda que nadie atraviesa el miedo completamente […]

Por Mar Martínez

En “Cruz del Sur”, de El Plan de la Mariposa, una constelación acompaña desde el lugar que los ojos no pueden vigilar. En La saga de los Confines, de Liliana Bodoc, Kupuka tampoco señala el camino desde adelante: escucha la tierra, interpreta sus movimientos y recuerda que nadie atraviesa el miedo completamente solo.

Primero está la espalda.

La parte del cuerpo que no podemos mirar. Aquello que queda detrás cuando avanzamos. Un ruido que no alcanzamos a reconocer. Los pasos de alguien que se acerca. El camino que ya recorrimos.

La espalda no sabe.

Confía.

En “Cruz del Sur”, la voz levanta los ojos y siente la constelación detrás de su cuerpo. No le señala una dirección ni le promete que el peligro ha terminado. Permanece allí, en el sitio que no puede controlar.

“Sentí la Cruz del Sur cuidándome la espalda.”

La protección no viene desde adelante.

No ordena.

Acompaña.

¿Dónde está Kupuka?

En las Tierras Fértiles, cuando los husihuilkes atraviesan el miedo o no consiguen comprender lo que sucede, una pregunta empieza a pasar de una boca a otra:

¿Dónde está Kupuka?

No buscan solamente al hombre más viejo ni a alguien capaz de resolver el peligro. Buscan al Brujo de la Tierra.

Kupuka escucha de una manera distinta. Reconoce movimientos en el aire, alteraciones entre los animales, sueños, lluvias, plumas. Sabe que la naturaleza habla antes de que los hombres comprendan y que casi nunca utiliza palabras.

Por eso debe acercar el cuerpo.

Tocar la tierra. Detenerse ante un sonido. Mirar el vuelo de un pájaro hasta que deje de ser solamente un pájaro. Esperar.

Su conocimiento no nace del deseo de dominar el mundo. Nace de aceptar que el mundo sabe algo que él todavía ignora.

Liliana Bodoc construyó la magia de La saga de los Confines desde ese lugar. No como una serie de fórmulas destinadas a someter las cosas, sino como una forma intuitiva de conocimiento y una relación de amor con la naturaleza.

Kupuka no obliga a la tierra a responder.

Aprende a escucharla.

La distancia entre una señal y una orden

Aquello que guía suele imaginarse adelante.

Una luz al final del camino. Un brazo extendido. Alguien que señala hacia dónde avanzar.

La Cruz del Sur queda detrás.

Kupuka tampoco camina delante de todos, apartando las ramas y eligiendo por los demás. Advierte. Interpreta. Acerca una palabra. Después permite que cada cuerpo atraviese su propio destino.

No reemplaza las decisiones de Dulkancellin. No evita el miedo de los husihuilkes. No impide que el dolor llegue hasta las casas.

La constelación tampoco puede hacerlo.

El cielo no baja para despejar el camino. La estrella permanece arriba mientras la persona continúa avanzando sin ver aquello que le cuida la espalda.

Kupuka y la Cruz del Sur ofrecen una protección más frágil.

Y tal vez más profunda.

No evitan la herida. Impiden que el miedo convenza a quien camina de que está solo.

Alejar las confusiones

A veces la confusión comienza en los ojos.

El camino sigue allí, pero se vuelve difícil reconocerlo. El cuerpo conoce el peso de sus piernas y no sabe hacia dónde moverlas. Todo permanece en su sitio. Sin embargo, algo se ha desordenado.

“Cruz del Sur” pide que las confusiones se alejen.

Kupuka aparece cuando su pueblo ya no puede leer las señales. Pero no trae una explicación capaz de acomodar cada cosa. Se inclina sobre la tierra. Escucha. Espera que aquello que parecía disperso vuelva a relacionarse.

Un animal con el viento.

Una lluvia con el miedo.

Un sueño con lo que todavía no ocurrió.

La canción busca esa misma forma de conocimiento. No levanta una respuesta construida solamente con ideas. Hay sol, mar, viento y cielo. El mundo exterior entra en el cuerpo hasta modificarlo.

No se comprende el camino.

Se siente.

Lo que queda detrás

La espalda también carga aquello que pasó.

Los muertos. Las casas abandonadas. Las voces que escuchamos durante la infancia. Una mano que alguna vez se apoyó sobre nuestros hombros y que el cuerpo todavía recuerda cuando hace frío.

En las Tierras Fértiles, nadie camina únicamente con su propia vida. Los antepasados permanecen en el territorio, en los relatos y en los nombres. La memoria no es un objeto guardado lejos del presente. Sigue respirando dentro de las decisiones de quienes continúan.

Kupuka conoce esa compañía.

Cuando escucha la tierra no busca una voz individual. Escucha a un pueblo. Lo que otros aprendieron antes de él, las heridas que dejaron las invasiones, aquello que debe ser transmitido para que los más jóvenes no comiencen el mundo desde el principio.

Sentir la Cruz del Sur detrás desde algún lugar significa lo mismo.

Confiar en algo que no vemos.

La constelación está formada por puntos separados. Desde abajo, alguien los reúne y encuentra una figura. La distancia entre las estrellas deja de ser un vacío. Se convierte en orientación.

La memoria también trabaja de ese modo.

Une lo que parecía disperso.

Los hijos junto al mar

En la canción aparece una imagen del futuro: el mar y los hijos jugando.

No hay explicación. Apenas unos cuerpos pequeños entregados al movimiento, mientras alguien los observa.

El viaje ya no consiste solamente en salvarse.

Hay que conseguir que la vida continúe.

Kupuka carga con esa responsabilidad. Su poder no se mide únicamente por aquello que comprende, sino por lo que intenta preservar. Cada señal interpretada permite que otro avance. Cada advertencia abre una posibilidad para quienes todavía no llegaron.

Los hijos juegan porque alguien cuidó antes el territorio.

Porque alguien atravesó el miedo.

Porque una memoria permaneció despierta mientras ellos todavía no habían nacido.

En Bodoc, defender las Tierras Fértiles nunca significa conservar solamente un pedazo de suelo. Se defiende una forma de vivir, de relacionarse con los animales, de nombrar a los muertos y de comprender que la vida individual no termina en sus propios límites.

En la canción, el futuro tampoco aparece como una conquista personal.

Tiene el cuerpo de los hijos.

Una estrella debajo de los pies

Kupuka no necesita levantar los ojos para encontrar la Cruz del Sur.

La siente debajo.

Está en la tierra que cambia antes de la lluvia, en las raíces, en las huellas de los animales, en el temblor que sube por sus piernas cuando algo se aproxima.

El cielo y el suelo dejan de ser espacios opuestos.

Los dos guardan señales.

El viento puede responder.

La tierra tiene memoria.

Los muertos no desaparecen del todo.

Cuidar la propia vida también significa proteger aquello que continuará en otros.

Bodoc escribió una épica donde los pueblos amenazados no esperan ser salvados por un poder exterior. Encuentran fuerza cuando vuelven a reconocerse como parte de una comunidad, un territorio y una historia.

“Cruz del Sur” respira en el mismo lugar.

La salida de la confusión no ocurre cuando el individuo consigue separarse de todo. Ocurre cuando vuelve a sentir los vínculos que lo sostienen.

La familia.

La memoria.

La naturaleza.

La espalda deja de estar vacía.

El sur

Durante siglos, los mapas colocaron el norte arriba.

Desde allí llegaron también muchas de las historias que enseñaron a imaginar la magia, los héroes y las grandes batallas. Liliana Bodoc tomó la estructura de la épica y la hizo caminar sobre otro territorio. Sus pueblos, sus paisajes y sus heridas miran hacia América Latina.

El Plan de la Mariposa tampoco busca una estrella lejana para orientarse.

Busca la del sur.

No se trata solamente de una ubicación. El sur es una manera de reconocer desde dónde se mira el mundo. El cielo cambia según el lugar donde apoyamos los pies.

Kupuka lo sabe.

No hace falta dominar la naturaleza para pertenecer a ella. No hace falta conocer todo el camino para avanzar. A veces alcanza con sentir que algo cuida la parte del cuerpo que no podemos ver.

La canción continúa.

El viento toca la espalda.

Kupuka apoya una mano sobre la tierra.

Debajo de sus pies, la estrella sigue encendida.

Obras trabajadas

Liliana Bodoc, Los días del Venado, primer volumen de La saga de los Confines, 2000.

El Plan de la Mariposa, “Cruz del Sur”, incluida en Devorando intensidad, 2017.

Aclaración editorial: Esta nota propone un diálogo crítico entre ambas obras. No afirma una influencia directa de Liliana Bodoc sobre la composición de El Plan de la Mariposa.

Fuentes documentales: En una conversación publicada por Imaginaria, Bodoc explicó que concibió la magia como una forma intuitiva de conocimiento y vinculó la saga con la libertad y el amor por la naturaleza. La letra y la grabación de “Cruz del Sur” pueden consultarse en la publicación oficial de El Plan de la Mariposa.

Investigación y texto: Mar Martínez.
Dirección: Mar Martínez.
Producción editorial: Ediciones Tu Llave.
Publicación: Intervalo · Biblioteca del Rock Argentino.

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