JULIO CORTÁZAR
Julio Cortázar transformó la literatura en español mediante una escritura que altera la percepción de lo cotidiano. En sus cuentos, una casa puede ser ocupada por una presencia imposible, un hombre puede convertirse en aquello que observa y una conversación corriente puede abrir una grieta hacia otra realidad. Lo fantástico no llega desde un mundo […]

Julio Cortázar transformó la literatura en español mediante una escritura que altera la percepción de lo cotidiano. En sus cuentos, una casa puede ser ocupada por una presencia imposible, un hombre puede convertirse en aquello que observa y una conversación corriente puede abrir una grieta hacia otra realidad. Lo fantástico no llega desde un mundo lejano: ya estaba escondido detrás de una puerta, dentro de un ruido o en la repetición de un gesto.
Nació en Bélgica durante el comienzo de la Primera Guerra Mundial, dentro de una familia argentina. Después de pasar sus primeros años en Europa, llegó al país y creció en Banfield. Los patios, las habitaciones, los trenes y las calles suburbanas de su infancia reaparecerían transformados en muchos de sus relatos.
Se formó como maestro y profesor en Letras. Trabajó como docente en distintas ciudades argentinas y posteriormente como traductor. En 1951 se instaló en París, donde desarrolló gran parte de su obra y trabajó para organismos internacionales. Entre sus traducciones se destaca la versión en español de los cuentos y ensayos de Edgar Allan Poe.
Su primer libro de cuentos reconocido, Bestiario, apareció en 1951. Allí comenzó a consolidar un procedimiento que atravesaría toda su narrativa: presentar situaciones extraordinarias mediante una voz serena, como si la alteración de la realidad fuera apenas una parte más de la vida doméstica.
Esa tensión continuó en Final del juego, Las armas secretas, Historias de cronopios y de famas y Todos los fuegos el fuego. Relatos como “Casa tomada”, “Axolotl”, “La noche boca arriba”, “Continuidad de los parques” y “El perseguidor” modificaron la estructura tradicional del cuento y exigieron un lector activo.
“El perseguidor”, inspirado en la figura del saxofonista Charlie Parker, muestra la importancia que el jazz tuvo dentro de su escritura. Cortázar buscaba trasladar a la prosa la improvisación, el desplazamiento y el swing: no escribir sobre un ritmo, sino conseguir que las palabras se movieran como la música.
En 1963 publicó Rayuela. La novela permitió diferentes recorridos de lectura y convirtió al lector en participante de su estructura. Pero su importancia no reside solamente en la posibilidad de alterar el orden de los capítulos. Rayuela narra una búsqueda: la imposibilidad de acomodarse dentro de una vida previsible y el deseo de encontrar otra relación con el amor, la ciudad, el lenguaje y el tiempo. Instituto Cervantes
Su escritura incorporó juegos, palabras inventadas, conversaciones interrumpidas y cambios repentinos de perspectiva. Esa relación física con el lenguaje ejerció una influencia profunda sobre la canción y el rock argentinos: la idea de que una obra podía exigir complicidad, construir códigos propios y negarse a ofrecer un único significado.
A partir de los años sesenta, Cortázar profundizó su compromiso con los procesos políticos latinoamericanos. Apoyó la Revolución cubana, denunció las dictaduras del continente y acompañó la experiencia sandinista en Nicaragua. En libros como Libro de Manuel intentó reunir experimentación literaria e intervención política.
Murió en París el 12 de febrero de 1984. Ese mismo año recibió de manera póstuma el Premio Konex de Honor por su aporte a la literatura argentina. Fundación Konex
Cortázar no pidió que el lector contemplara el texto desde afuera. Lo invitó a entrar, desplazarse y correr el riesgo de perder el camino.
Después de su obra, leer dejó de ser únicamente avanzar de una página hacia la siguiente. También podía significar saltar.
