Hilda Lizarazu, la mujer que convirtió “Rezo por vos” en una imagen eterna

INTERVALOEL DIARIO DEL ROCK
Archivo Intervalo

Hilda Lizarazu, la mujer que convirtió “Rezo por vos” en una imagen eterna

PorMar Martínez

En 1985, cuando Charly García y Luis Alberto Spinetta todavía soñaban con grabar un disco juntos, Hilda Lizarazu levantó su cámara y preservó aquel encuentro. No le dio nombre a la canción: hizo que su nacimiento público pudiera seguir siendo visto cuarenta años después. Archivo Intervalo — Documento 002 Fecha del documento: 1985Autora: Hilda LizarazuTítulo […]

En 1985, cuando Charly García y Luis Alberto Spinetta todavía soñaban con grabar un disco juntos, Hilda Lizarazu levantó su cámara y preservó aquel encuentro. No le dio nombre a la canción: hizo que su nacimiento público pudiera seguir siendo visto cuarenta años después.

Archivo Intervalo — Documento 002

Fecha del documento: 1985
Autora: Hilda Lizarazu
Título de la obra: Rezo por vos
Lugar: Estudios de ATC, Buenos Aires
Contexto: Programa televisivo Cable a Tierra
Tipo de documento: Fotografía en blanco y negro
Sección: Música · Rock argentino
Procedencia de la reproducción: Ministerio de Cultura de la Nación

Primero están los cuerpos.

Luis Alberto Spinetta permanece de pie, inclinado sobre la guitarra. La mano izquierda avanza por el mango. La derecha cae sobre las cuerdas. Tiene la cabeza baja. Parece haberse metido en ese lugar al que entraba cuando tocaba, un espacio sostenido por su propio cuerpo y la guitarra.

Charly García está sentado frente al teclado.

Le da la espalda.

Durante buena parte de “Rezo por vos” casi no se miran. Los separan unos metros, los instrumentos, los cables extendidos sobre el piso. Charly toca hacia un lado del estudio. Spinetta permanece detrás, sumergido entre las cuerdas.

La canción avanza entre ellos.

En algunos momentos, Charly gira sobre su propio eje. Se aparta del teclado apenas lo necesario, vuelve la cabeza y busca al Flaco. El movimiento dura poco. Después regresa.

Spinetta sigue tocando.

No necesitan acercarse.

La compañía está en otra parte.

Lo que pasa entre los dos

Hilda Lizarazu observa desde fuera del cuadro. Tiene la cámara entre las manos. Alrededor hay luces, técnicos, equipos. Pepe Eliaschev conduce Cable a Tierra. Alguien controla el sonido. Alguien espera una indicación.

Ella mira el espacio que separa a los músicos.

La distancia parece demasiado grande hasta que la música comienza a recorrerla.

Charly toca una frase. Spinetta entra. Una voz encuentra a la otra. El Flaco no necesita levantar la cabeza para saber que Charly está unos metros más allá, perdido entre los teclados. Charly gira porque siente algo: una nota, una respiración, el momento exacto en que la guitarra recoge aquello que él acaba de dejar en el aire.

Entonces aparece la complicidad.

No nace de una mirada sostenida ni de un gesto preparado para las cámaras. Nace en la canción. Se pierde dentro de ella y vuelve a aparecer transformada.

Hilda espera.

Una forma para aquello que empujaba

Charly y Spinetta llevaban meses intentando hacer un disco juntos. Habían acercado canciones, compartido lecturas y probado sonidos. Venían de lugares distintos. No buscaban parecerse, sino encontrar un territorio en el que las diferencias pudieran convivir.

Los dos estaban modificando su relación con la música.

Las máquinas habían entrado en los estudios. Sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmos ocupaban el espacio. Había botones, luces pequeñas, sonidos capaces de repetirse sin que nadie volviera a tocarlos. El cuerpo debía aprender otra manera de acercarse a los instrumentos.

Charly se movía entre esos aparatos, los tocaba, los forzaba, les arrancaba posibilidades. Spinetta escuchaba desde otro lugar. Probaba que la máquina no endureciera aquello que todavía debía respirar.

En Cable a Tierra hablaron de esa transformación. Mostraron instrumentos y procedimientos. El futuro apareció unido por cables.

Después tocaron.

Antes de convertirse en canción, “Rezo por vos” debió existir como una fuerza sin forma. Una frase. Un sonido repetido con los dedos. La respiración de uno esperando que el otro encontrara por dónde entrar. Algo que empujaba desde adentro y todavía no podía nombrarse.

Entre Charly y Spinetta esa pulsión encontró una salida.

Se hizo voz.

Se hizo guitarra.

Se hizo teclado.

Hilda disparó.

La mujer detrás de la cámara

En 1985, Hilda Lizarazu todavía era más fotógrafa que cantante.

Había vivido en Nueva York, había estudiado fotografía. Tenía otra forma de mirar. Trabajaba para revistas, asistía a ensayos, entraba en casas, compartía viajes y conversaciones.

No miraba desde afuera el mundo del rock.

Ya estaba adentro.

Esa cercanía podía haber vuelto habituales los cuerpos. Los gestos podían perder relieve. La intimidad podía parecer una sucesión de cosas que estarían allí al día siguiente.

Hilda conservó la atención.

Supo que no estaba frente a dos músicos tocando una canción más. Tampoco necesitó conocer el destino del disco ni saber cuánto tiempo permanecerían juntos. Vio a Charly girar sobre el teclado. Vio al Flaco encerrado en la guitarra. Vio la distancia y aquello que conseguía atravesarla.

Levantó la cámara.

Una fotografía parece ocurrir en una fracción mínima. El dedo presiona, el mecanismo se abre, la luz entra.

Pero el disparo comienza antes.

Empieza cuando alguien separa un gesto de todos los demás. Cuando reconoce una forma dentro del movimiento. Cuando comprende que un segundo contiene algo que el segundo siguiente puede perder.

La cámara no mira sola.

Necesita un cuerpo detrás.

Hilda no eligió la distancia ni el lugar que ocuparía cada músico. Eligió el encuadre y esperó.

Aquello que circulaba entre ellos no tenía superficie ni color. No podía tocarse.

Sin embargo, apareció.

Y ella encontró la manera de dejarlo dentro de la imagen.

La canción que ninguno quiso quedarse

“Rezo por vos” no era enteramente de uno ni del otro.

Años después, Bobby Flores contó que había felicitado a Charly por la letra. García respondió que la canción era de Luis y que él solamente había agregado el riff. Cuando Flores habló con Spinetta, recibió la respuesta contraria: el tema era de Charly y él apenas lo había retocado hacia el final.

Cada uno colocaba el origen en el otro.

Quizás la magia esté ahí.

Algo de esa entrega continúa dentro de la fotografía.

Charly gira.

Spinetta toca.

La música ocupa el espacio que sus cuerpos mantienen abierto.

El futuro dentro de la imagen

En la fotografía, el disco todavía puede existir.

No llegaron las diferencias, las discusiones ni el cansancio. No existen Privé ni Parte de la religión. La canción todavía no se ha separado en dos versiones. No hubo que esperar veinticuatro años para que Charly y Spinetta volvieran a cantarla juntos en Vélez.

Nada terminó.

Allí no son todavía las dos figuras que la cultura argentina colocará en un sitio difícil de alcanzar. Son dos músicos trabajando.

Uno respira.

El otro encuentra una nota.

La canción avanza.

Cada vez que alguien mira la fotografía, el proyecto vuelve a abrirse durante unos segundos. Hay tiempo. Las diferencias pueden esperar fuera del estudio. Charly y Spinetta permanecen juntos dentro de la única duración que la cámara pudo ofrecerles.

“Lo dejé todo por esta soledad”

La palabra estaba allí desde antes.

Charly había escrito “Cuando ya me empiece a quedar solo” durante los años de Sui Generis. Todavía era joven y ya podía imaginar una habitación vacía, los objetos perdiendo su sitio, el cuerpo aprendiendo a convivir con las ausencias.

En “Rezo por vos”, la soledad vuelve, pero no aparece solamente como aquello que espera al final del camino.

“Lo dejé todo por esta soledad.”

La frase la cantan los dos.

Durante esos minutos, cada uno sostiene una parte que el otro necesita. La canción convierte la soledad en un territorio compartido.La frase la cantan los dos.

Durante esos minutos, cada uno sostiene una parte que el otro necesita. La canción convierte la soledad en un territorio compartido.

Después pasarán los años.

El Flaco morirá. Charly seguirá tocando. El rock argentino ya no podrá contar su propia historia sin nombrarlos.

La fotografía no sabe nada de eso.

Los conserva antes.

Spinetta todavía está inclinado sobre la guitarra. Charly todavía puede girar para buscarlo. Entre los dos, la canción continúa ocupando la distancia.

Ese instante mágico

En 2017, Hilda eligió esta imagen para integrar Los Ángeles de Charly, la exposición que compartió con Andy Cherniavsky y Nora Lezano en el Palais de Glace.

Al explicar su elección no habló de técnica. Dijo que allí estaba Spinetta. Habló de algo inmaterial, místico. De un instante mágico. Dijo que la fotografía le alegraba el corazón.

No necesitó explicar más.

Muchos años después, su cuerpo todavía reconocía aquello que había sentido antes de disparar.

Hilda no intentó convertir a Charly y Spinetta en símbolos. No les pidió que representaran aquello que llegarían a ser. Los dejó dentro de la canción.

La fotografía no necesitó solemnidad.

Necesitó cercanía.

Lo que atraviesa el tiempo

Cuarenta años después, la imagen llega hasta esta mesa.

Hay libros alrededor. Un diario de 1931 protegido por una lámina transparente. La luz entra desde una ventana y corta el papel. Sobre la madera, Charly y Spinetta vuelven a estar juntos.

Miro sus caras.

Spinetta ha abandonado por un momento el sitio que ocupaba con la guitarra. Se acercó a Charly. Deslizó el cuerpo dentro del espacio estrecho que quedaba entre el músico y el teclado. Llevó la cabeza hacia él y gesticuló.

Hilda reconoció el instante.

No aparece. La fotografía nunca devuelve el cuerpo de quien mira. Apenas permite reconstruir su lugar: debió estar lo bastante cerca para sentir la corriente y lo bastante lejos para no romperla.

Durante años quise hacer música.

Recuerdo la presión de las cuerdas contra las yemas. El aire entrando antes de cantar. La vibración de la madera apoyada sobre el pecho. Había momentos en que el cuerpo encontraba algo antes que yo. No sabía nombrarlo. Solamente podía seguir tocando.

Escribir sucede en el mismo sitio.

Una frase empuja. El cuerpo la reconoce antes que el pensamiento. Después aparece una imagen.

A veces alcanza.

Rezo por vos

Un archivo puede ser el lugar donde las cosas terminan. El documento recibe un número, una fecha, una funda. Alguien lo guarda dentro de una caja y el tiempo comienza a medirse por la ausencia de daño.

Pero una imagen también puede volver a circular.

Encuentra otros ojos. Alguien se detiene frente a ella y siente que los cuerpos fotografiados todavía producen una alteración en el suyo.

Entonces el archivo no conserva una muerte.

Transmite una pulsión.

Hilda miró a Charly y Spinetta en 1985. La luz atravesó la cámara. Cuarenta años después, la fotografía todavía contiene algo de aquel movimiento.

Charly permanece frente al teclado.

Spinetta sostiene la guitarra.

No se miran.

La música cruza la distancia.

Charly gira.

El Flaco se acerca. Desliza el cuerpo entre Charly y el teclado, lleva la cabeza hacia él y gesticula.

Hilda dispara.

Y durante un instante, ninguno de los dos está solo.


Créditos de la obra: Rezo por vos (1985), fotografía de Hilda Lizarazu.
Investigación y texto: Mar Martínez.
Dirección: Mar Martínez.
Producción editorial: Ediciones Tu Llave.
Publicación: Archivo Intervalo · Biblioteca del Rock Argentino.

Fuentes documentales: La autoría, el año, el título de la fotografía y la reflexión posterior de Hilda están documentados por el Ministerio de Cultura de la Nación. La interpretación conjunta se conserva como el estreno público de “Rezo por vos” en Cable a Tierra y puede verse en el registro difundido por Clarín.a. Sí están documentados el año, el programa, la interpretación conjunta de “Rezo por vos” y la autoría de la fotografía.

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