FERNÁN MIRÁS
Nombre completo: Fernán Gonzalo MirásNacimiento: 17 de julio de 1969Origen: Ciudad de Buenos AiresOficio: actor, director y guionistaPelícula decisiva: Tango feroz: la leyenda de TanguitoTelevisión: La banda del Golden Rocket, Vulnerables, Culpables, Para vestir santos, Tiempos compulsivos y Argentina, tierra de amor y venganzaComo director: El peso de la ley, Casi muerta y La casaca […]

Nombre completo: Fernán Gonzalo Mirás
Nacimiento: 17 de julio de 1969
Origen: Ciudad de Buenos Aires
Oficio: actor, director y guionista
Película decisiva: Tango feroz: la leyenda de Tanguito
Televisión: La banda del Golden Rocket, Vulnerables, Culpables, Para vestir santos, Tiempos compulsivos y Argentina, tierra de amor y venganza
Como director: El peso de la ley, Casi muerta y La casaca de Dios.
Fernán Mirás tenía veintitrés años cuando su rostro quedó unido para siempre a una idea de rebeldía. Pelo largo, torso desnudo, una guitarra y una manera de mirar que parecía enfrentarse a todo lo que intentara disciplinarlo. No interpretó solamente a Tanguito. Encarnó el modo en que una generación de los años noventa imaginó a los primeros jóvenes del rock argentino.
Tango feroz: la leyenda de Tanguito se estrenó el 3 de junio de 1993. Dirigida por Marcelo Piñeyro y escrita junto con Aída Bortnik, propuso una recreación libre de la vida de José Alberto Iglesias. La película no buscaba la precisión de un documental: construía un héroe romántico para hablar de la libertad, el amor, la represión y la necesidad juvenil de encontrar una identidad propia.
Su impacto excedió ampliamente la figura histórica de Tanguito. La película convocó a más de un millón y medio de espectadores, recuperó canciones fundamentales del rock argentino y abrió una nueva etapa para el cine nacional, con producciones dirigidas especialmente a un público joven.
En el centro de ese fenómeno estaba Mirás. Su actuación transformó al personaje en un cuerpo vulnerable y desafiante. Tanguito podía avanzar contra la autoridad con una seguridad absoluta y, segundos después, dejar ver la fragilidad de alguien que no encontraba un lugar donde apoyar la vida. Esa contradicción sostuvo al personaje mucho más allá de sus consignas.
Sin embargo, Tango feroz no fue el comienzo ni el límite de su carrera. Mirás había debutado en teatro en 1987 y en cine con La amiga, en 1989. Después llegarían películas como Caballos salvajes, Buenos Aires viceversa, Un día de suerte, Días de vinilo y El Potro, lo mejor del amor. Cada una desplazó aquella primera imagen sin negarla.
La televisión lo convirtió también en una presencia generacional. Pasó por La banda del Golden Rocket, Vulnerables, Culpables, Para vestir santos y Tiempos compulsivos. En Argentina, tierra de amor y venganza construyó a Samuel Trauman, un villano capaz de mostrar hasta qué punto aquel joven asociado con la libertad podía transformarse, décadas después, en una figura oscura y perturbadora.
En teatro trabajó con directores como Sergio Renán, Daniel Veronese y Javier Daulte, y compartió escena con Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Oscar Martínez, María Onetto y Luis Luque. Allí desarrolló un oficio menos dependiente del primer plano: la respiración compartida, el tiempo del otro y la obligación de sostener al personaje sin cortes.
En 2017 debutó como director y coguionista con El peso de la ley. La película, basada en un caso real, observó las deformaciones del sistema judicial y las relaciones entre verdad, poder y burocracia. Durante el rodaje, Mirás comprendió que la dirección no era solamente una curiosidad tardía, sino una vocación que había permanecido escondida dentro de su trabajo como actor.
Su segunda película, Casi muerta, utilizó la comedia negra para hablar del miedo, la amistad, el amor y la cercanía de la muerte. Lejos de la solemnidad, Mirás encontró en el humor una forma de soportar aquello que no tiene solución. Su experiencia actoral aparece en la dirección: conoce la exposición del intérprete y sabe acompañarla desde adentro.
Fernán Mirás pasó de encarnar el grito de libertad imaginado por otro a construir sus propias historias. Pero algo permanece entre aquel Tanguito y el director adulto: la desconfianza frente a las estructuras que pretenden ordenar la vida por completo.
Una generación lo conoció corriendo contra la autoridad, con una guitarra entre las manos. El tiempo no borró aquella imagen. La convirtió en el primer fotograma de una obra mucho más extensa.
