De la mano de Ciro, después de noventa y un años, Alfonsina bailó

INTERVALOEL DIARIO DEL ROCK
Diagonales

De la mano de Ciro, después de noventa y un años, Alfonsina bailó

PorMar Martínez

En 1919, Alfonsina Storni convirtió en poesía el deseo reprimido de las mujeres de su familia. En 2010, Andrés Ciro Martínez llamó a abandonar la quietud y escuchar aquello que todavía sonaba dentro del cuerpo. Entre “Bien pudiera ser” y “Vas a bailar”, la libertad pasa de la palabra al movimiento. Primero fueron los ojos. […]

En 1919, Alfonsina Storni convirtió en poesía el deseo reprimido de las mujeres de su familia. En 2010, Andrés Ciro Martínez llamó a abandonar la quietud y escuchar aquello que todavía sonaba dentro del cuerpo. Entre “Bien pudiera ser” y “Vas a bailar”, la libertad pasa de la palabra al movimiento.

Primero fueron los ojos. El deseo de una mujer alcanzó a levantarse desde algún lugar del cuerpo, llegó hasta ellos, quedó detenido. La madre de Alfonsina Storni había sentido alguna vez el antojo de liberarse, aunque la libertad todavía no tuviera una forma posible. No había una puerta abierta ni un sitio hacia dónde caminar. Apenas una amargura que subía, ocupaba la mirada, terminaba en llanto cuando nadie podía verla.

Alfonsina escribió esa escena en “Bien pudiera ser”, poema publicado en Irremediablemente en 1919. Antes de nombrarse a sí misma, miró hacia atrás. Encontró una casa, una familia, una sucesión de mujeres silenciosas. En aquellos solares estaba medido todo lo que debía hacerse. La vida parecía trazada de antemano: ciertos movimientos permitidos, ciertas palabras, una manera correcta de habitar el cuerpo. Lo que quedaba afuera no desaparecía. Se encerraba.

“No fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.”

El poema avanza siguiendo esa transmisión. No se hereda únicamente un apellido, una casa o una forma de preparar la mesa. También pasan de una generación a otra los gestos interrumpidos, las palabras que no llegaron a pronunciarse, el deseo que aprendió a permanecer quieto. Alfonsina sospecha que aquello que sintió en verso acaso no le pertenecía completamente. Podía venir desde antes, de una mujer anterior, tal vez de muchas, empujando sin nombre hasta encontrar una salida.

La poesía se vuelve entonces un lugar físico. Algo que llevaba décadas encerrado entra en la escritura. No sale intacto: llega mordido, vencido, mutilado. La elección de esas palabras impide pensar la liberación como una escena limpia. Lo heredado carga las marcas de su encierro. Alfonsina no recupera una voz conservada en secreto, esperando serenamente su momento. Recibe los restos de una fuerza que había tenido que golpearse contra las paredes de la casa.

El último verso modifica todo lo anterior:

“Pienso que sin quererlo lo he libertado yo.”

No dice que haya rescatado a su madre. Tampoco afirma haber roto cada una de las reglas que pesaban sobre aquellas mujeres. Libera “todo eso”: una materia sin nombre preciso, formada por deseo, rabia, amargura, impulso. Lo hace casi sin proponérselo, porque escribir no aparece como el cumplimiento de un programa. El poema es el sitio donde aquello que no pudo vivirse consigue, finalmente, respirar.

Noventa y un años después, otra voz encuentra a una persona detenida.

En “Vas a bailar”, incluida en Espejos, el primer disco de Ciro y los Persas, el encierro ya no está únicamente dentro de la casa. Se ha extendido. Hay una oscuridad iluminada, una distracción constante, trabajos que convierten a las personas en números, pantallas capaces de mantenerlas conectadas mientras permanecen solas. La orden familiar ha sido reemplazada por una programación más amplia y menos visible. Ya no hace falta decirle a alguien exactamente qué debe hacer. Alcanza con mantenerlo quieto.

Durante la presentación de Espejos, la canción fue leída como un mensaje dirigido por Andrés Ciro Martínez a sus hijos y, al mismo tiempo, a sí mismo. Esa procedencia establece una diferencia importante: no estamos ante una respuesta consciente a Storni ni existe una influencia documentada. El diálogo aparece cuando colocamos las obras juntas. En ese espacio, la mujer inmóvil del poema y la persona inmovilizada por el presente comienzan a reconocerse.

Ciro tampoco construye la libertad como una idea abstracta. La lleva directamente al cuerpo. Respirar, abrazar, vibrar, bailar. Frente a un tiempo que reduce a una persona a objeto o registro, la canción necesita comprobar que todavía hay algo vivo. Por eso advierte: “No sos un mueble”. Un mueble permanece en el sitio que otro eligió, ocupa un rincón, puede ser mirado sin devolver la mirada. Bailar rompe esa disposición. El cuerpo deja de aceptar la posición asignada.

En Storni, aquello que busca liberarse asciende hasta los ojos y se convierte en llanto. En Ciro, desciende hacia las piernas. La emoción deja de quedar atrapada en la mirada y ocupa el espacio. Ya no se oculta en la sombra: se mueve.

Las dos obras también se encuentran en la voz. Alfonsina recibe el silencio de las mujeres de su familia y lo transforma en verso. Ciro se dirige a quien todavía no ha encontrado su propia voz, aunque esa ausencia momentánea no debe confundirse con una derrota. En ambos textos existe algo interior que el mundo no logró destruir. Puede permanecer encerrado, reprimido, distraído. Sigue sonando.

La diferencia está en el movimiento del tiempo. “Bien pudiera ser” mira hacia las que estuvieron antes. La poeta se convierte en el último cuerpo de una genealogía y desde allí devuelve una voz hacia el pasado. “Vas a bailar” habla hacia adelante. Una voz adulta se dirige a quienes vienen detrás y les pide que no acepten la quietud como virtud. Alfonsina recoge lo que las mujeres anteriores no pudieron hacer. Ciro intenta impedir que la generación siguiente vuelva a quedar inmóvil.

Entre ambos aparece una historia posible de la libertad. Primero fue necesario escribir aquello que estaba prohibido. Darle palabras al deseo, reconocer que el silencio también se heredaba, abrir en el lenguaje una salida. Después el cuerpo pudo abandonar el rincón. No porque las prohibiciones hubieran desaparecido, sino porque ahora era posible reconocerlas bajo otras formas.

En 1919, Alfonsina Storni liberó dentro de un poema algo que venía encerrado de mujer en mujer. En 2010, Ciro llamó a escuchar lo que seguía vivo debajo de la programación, del miedo y de la mirada ajena. Ella abrió la palabra. Él empujó el cuerpo.

Noventa y un años después, aquello que había salido del encierro comenzó a bailar.

Autor: Mar Martínez
Dirección: Mar Martínez
Producción editorial: Ediciones Tu Llave
Publicación: Intervalo · Biblioteca del Rock Argentino

Obras trabajadas

Alfonsina Storni, “Bien pudiera ser”, en Irremediablemente, Cooperativa Editorial Buenos Aires, 1919.

Ciro y los Persas, “Vas a bailar”, en Espejos, 2010. Letra y música: Andrés Ciro Martínez.

Aclaración editorial: Esta nota propone un diálogo crítico entre las obras. No afirma una influencia directa de Alfonsina Storni sobre Andrés Ciro Martínez.

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