SALAS VELATORIAS: MÚSICA PARA VELAR EL PRESENTE
Nacida en Río Cuarto, Salas Velatorias construyó una forma propia de intervenir el pop oscuro, el post-punk y el rock gótico. Sus letras reúnen muerte, alienación urbana, poesía y crítica social. Los teclados y el saxo no completan ese universo: lo organizan. Como en Onetti, la realidad conserva su apariencia mientras algo comienza a deshacerse […]

Nacida en Río Cuarto, Salas Velatorias construyó una forma propia de intervenir el pop oscuro, el post-punk y el rock gótico. Sus letras reúnen muerte, alienación urbana, poesía y crítica social. Los teclados y el saxo no completan ese universo: lo organizan. Como en Onetti, la realidad conserva su apariencia mientras algo comienza a deshacerse en su interior.
Fotografía publicada por La Voz del Interior. Todos los derechos corresponden a su autor y al medio de origen.
LA MELODÍA TODAVÍA ESTÁ AHÍ
Primero se reconoce la canción.
El bajo sostiene el cuerpo. La batería mide una marcha que por momentos parece contenida y, en otros, necesita romperse. Las guitarras avanzan entre la oscuridad y la melodía. La voz no se coloca afuera de ese paisaje para explicarlo: permanece adentro.
Después aparece otro sonido.
Puede ser una respiración áspera del saxo. Puede ser una línea del teclado que se prolonga más de lo previsto. La melodía continúa, pero deja de ofrecer un suelo estable. Algo se separa del conjunto y comienza a trabajar sobre ella.
No la destruye.
La desarma desde adentro.
Allí se encuentra uno de los rasgos más particulares de Salas Velatorias. El grupo no utiliza los instrumentos como capas que se acumulan para volver más abundante una canción. Los dispone de acuerdo con una función. Federico Palacio, en bajo y voz, sostiene el eje conceptual y rítmico; Salvador Velázquez marca desde la batería los momentos de contención y descarga; Juan Venancio Marchio e Iñaki Arsaute levantan con las guitarras la trama oscura y melódica. Sobre esa estructura, Ernesto Santiago Bojanich Zahnd en teclados y sintetizadores, y Ramiro Montenegro en saxo, construyen una zona de inestabilidad.
El teclado y el saxo no hacen lo mismo.
Cumplen, sin embargo, una función relacionada: abrir una distancia en el interior de la canción.
EL SAXO NO ESTÁ DE VISITA
El saxo forma parte de la banda.
Ramiro Montenegro integra la formación actual y su instrumento pertenece a la identidad sonora que Salas Velatorias fue definiendo durante su recorrido. En algunos conciertos puede no estar presente. Eso no lo vuelve un recurso ocasional ni una colaboración decorativa. Cuando la configuración del vivo cambia, el teclado recupera parte de esa tarea y sostiene la tensión desde otra materia.
La ausencia de un instrumento no modifica la arquitectura.
Revela su importancia.
El hallazgo no consiste simplemente en haber colocado un saxo dentro de una banda de pop oscuro. Tampoco en producir un contraste fácil entre un instrumento asociado a músicas vitales y un repertorio atravesado por la muerte. Lo significativo es la manera en que ese sonido interviene la melodía.
El saxo trae aire.
Para sonar necesita un cuerpo que respire, retenga y expulse. Esa condición física permanece dentro de cada nota. En Salas Velatorias, el aire no abre necesariamente la canción ni la conduce hacia la celebración. Puede entrar como una voz sin palabras, cortar una superficie construida por las guitarras o instalar una nostalgia que parecía pertenecer a otra música.
Hay algo del cuarteto en esa memoria, aunque el ritmo no conduzca hacia allí. Algo del tango en la demora de ciertas notas, aunque el saxo no sea su instrumento central. No son citas ni homenajes explícitos. Son resonancias populares que el instrumento carga en su recorrido y que, al ingresar en el post-punk, regresan alteradas.
El saxo conserva el cuerpo de esas músicas, pero cambia su dirección.
En lugar de empujar hacia afuera, conduce hacia una zona introspectiva. En vez de resolver la tensión, la prolonga. No ilumina la oscuridad: permite escuchar su respiración.
Cuando el saxo no está, el teclado sostiene la operación desde otro lugar. No intenta imitar su timbre. Trabaja con la duración, el clima, la repetición y la textura. Puede mantener una nota debajo de la melodía, apartarse de la armonía o construir un fondo que vuelve incierto aquello que parecía reconocible.
El saxo fractura mediante el aire.
El teclado lo hace mediante el espacio.
Esa alternancia demuestra que el rasgo central pertenece a la composición. Salas Velatorias reserva dentro de sus canciones una voz instrumental capaz de perturbar la forma que los demás instrumentos acaban de levantar. La melodía sigue allí, pero ya no permanece intacta.
Como una habitación a la que alguien le movió una pared durante la noche.
UN VELORIO PARA LOS VIVOS
Salas Velatorias nació en Río Cuarto en 2020 y luego se instaló en Córdoba capital. Federico Palacio reconoce al post-punk como punto de partida, aunque señala que la banda avanzó hacia el rock, el indie, el surf y la canción argentina. Esa descripción permite comprender el movimiento del grupo, pero no termina de explicar su identidad. Otra Canción
Para hacerlo hay que mirar sus conciertos.
La banda llama Funerales a algunas de sus presentaciones. Los músicos han ingresado ataúdes a las salas. El público puede vestirse como si asistiera a un cortejo. Antesala, canción, poesía e imagen forman parte de una misma ceremonia. El poeta Elio Andrada interviene en algunos shows con textos propios o ajenos, sin ocupar el lugar de un número separado del recital. La poesía pertenece al mundo de la banda porque ya estaba en la escritura de sus canciones. ISOS Córdoba
El velorio podría parecer una decisión estética.
No lo es solamente.
En una sala velatoria, las personas se reúnen porque alguien ya no está. La ausencia produce la reunión. Los cuerpos llegan, se reconocen, permanecen durante un tiempo y acompañan algo que ninguno puede resolver.
Salas Velatorias recupera esa forma comunitaria y la traslada al escenario. Sus conciertos no niegan la muerte ni prometen superarla. Construyen un espacio para estar alrededor de ella.
Palacio contó que en cada fecha alguien llora. También habló de alegría, alivio e incomodidad: emociones diferentes que coinciden durante unas horas en un mismo sitio. La banda denomina a esa experiencia “manifestación emocional como forma de protesta”. Pogo News
La frase no funciona como una consigna agregada a las canciones.
Describe su procedimiento.
En una época que obliga a exhibirse, producir y continuar, Salas Velatorias detiene el movimiento. En lugar de ocultar el dolor para volver rápidamente a la circulación, construye una ceremonia alrededor suyo. Frente a una vida cada vez más intermediada por pantallas, recupera la presencia física. Alguien toca. Alguien escucha. Alguien lee un poema. Alguien llora sin quedar necesariamente solo.
El velorio no pertenece a los muertos.
Es una necesidad de quienes permanecen.
PINCELADAS DE ONETTI
Hay algo de Juan Carlos Onetti en Salas Velatorias.
No se trata de afirmar una influencia que la banda no haya reconocido. Tampoco de apoyar dos oscuridades una junto a la otra y convertir su semejanza superficial en una interpretación. La relación aparece en una operación más profunda: tanto Onetti como Salas Velatorias construyen mundos que todavía conservan su forma, aunque sus habitantes hayan comenzado a desconfiar de ella.
En El pozo, Eladio Linacero habita una realidad de la que ya no espera demasiado. En El astillero, Larsen acepta trabajar en una empresa que permanece en pie como nombre, jerarquía y representación, aunque materialmente se esté deshaciendo. Los personajes continúan cumpliendo gestos, sosteniendo conversaciones e imaginando salidas dentro de estructuras agotadas.
La ruina no siempre se presenta como derrumbe.
A veces conserva oficinas, horarios y cargos.
Onetti observó el momento en que unos valores habían perdido fuerza y todavía no existían otros capaces de reemplazarlos. Sus personajes no eran héroes dispuestos a reconstruir el mundo. Eran individuos desajustados, solitarios y lúcidos hasta la parálisis, unidos con dificultad a los demás y casi adheridos a la atmósfera gris de las ciudades que habitaban. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Salas Velatorias trabaja sobre una fractura semejante, trasladada a la experiencia contemporánea.
Sus canciones hablan del trabajo convertido en repetición, de la falsa realización, del dinero, las cadenas, las tarjetas plásticas y una máquina capaz de ordenar el mundo según una pregunta elemental: sirve o no sirve. En “El espacio saltando en el tiempo”, esa maquinaria encuentra un límite en aquello que no puede medir: la piel, la incertidumbre, el peligro, la experiencia artística. Letras publicadas por Salas Velatorias
Como sucede en Onetti, el conflicto no se encuentra afuera del personaje.
Ya ingresó en su cuerpo.
La ciudad no es un escenario colocado detrás de las acciones. Determina la respiración, el cansancio y la manera de relacionarse. La persona reconoce que algo no funciona, pero debe seguir viviendo adentro. La lucidez no garantiza una salida. Apenas permite advertir el encierro.
La cercanía entre ambos universos también aparece en la construcción formal.
Onetti levanta una realidad y luego la vuelve incierta. Sus narradores observan desde un ángulo parcial. Los personajes inventan historias para soportar aquello que no pueden transformar. Santa María existe porque alguien necesitó imaginar otro territorio, pero esa ciudad inventada termina reproduciendo el desgaste, la derrota y la imposibilidad de empezar completamente de nuevo.
Salas Velatorias levanta una melodía y después introduce un instrumento que altera su estabilidad.
La guitarra, el bajo y la batería construyen el lugar. El saxo o el teclado abren la grieta. La canción no desaparece, del mismo modo que el astillero no desaparece de inmediato. Continúa funcionando mientras su estructura interior comienza a ceder.
Ahí está la pincelada onettiana.
No en una frase triste.
En la permanencia de una forma que ya contiene su propia ruina.
UN LAMENTARIO PARA LA CIUDAD
En 2025, Salas Velatorias publicó Lamentario. La palabra no existe en el diccionario. La banda la pensó como una colección de lamentos, una manera de reunir en un mismo libro imaginario la angustia, la urbanidad, la soledad y otras formas de la expresión emocional.
Las canciones no fueron compuestas inicialmente bajo una unidad conceptual rígida. Según Palacio, esa coherencia apareció con el tiempo y con la escucha del público. El disco encontró su forma después de haber sido terminado. Otra Canción
También en ese proceso puede reconocerse la lógica de la banda.
Primero reúne materiales.
Después descubre la habitación que construyeron.
Lamentario aborda la alienación urbana, la memoria, los vínculos afectivos y los rituales contemporáneos. Las raíces del post-punk permanecen, pero las guitarras, los teclados, los sintetizadores y el saxo amplían una composición que no depende de un género cerrado. Hoy Día Córdoba
La necesidad de inventar una palabra no es un gesto menor. Tal vez los nombres conocidos ya no alcancen para reunir las contradicciones de una vida en la que estamos comunicados y aislados, expuestos y ausentes, permanentemente visibles y cada vez más difíciles de reconocer.
Un lamentario sería el sitio donde guardar aquello que la época produce, pero no sabe escuchar.
LA CRÍTICA COMO FORMA MUSICAL
La mirada crítica de Salas Velatorias no aparece únicamente en sus declaraciones.
Está dentro de la música.
La banda ha hablado de virtualidad, vigilancia, criptomonedas, posverdad e inteligencia artificial. También advirtió sobre una batalla cultural contra las creaciones humanas y sobre la dificultad creciente para distinguir una experiencia producida por una persona de otra generada por una máquina.
Pero su respuesta más profunda no está en la denuncia explícita.
Está en la forma que eligió para componer y tocar.
Frente a una tecnología orientada a eliminar la fricción, Salas Velatorias introduce inestabilidad. Frente a la velocidad, prolonga una nota. Frente a la obligación de resultar inmediatamente comprensible, permite que las letras mantengan zonas opacas. Frente al aislamiento, organiza un funeral al que deben asistir los cuerpos.
Incluso la articulación entre teclados y saxo contiene esa posición. El sintetizador pertenece a la tecnología electrónica; el saxo depende del aire humano. La banda no los enfrenta de una manera elemental. Los hace trabajar dentro de una misma estructura. Ambos pueden construir belleza y ambos pueden producir extrañamiento.
El conflicto no es entre máquinas e instrumentos.
Es entre una sensibilidad humana y todo sistema que pretenda medirla por completo.
LO QUE TODAVÍA RESPIRA
Sería sencillo identificar a Salas Velatorias por sus ataúdes, su ropa oscura, los cementerios y la presencia de la muerte en sus canciones.
Pero esas imágenes no explican por qué la banda importa.
Su singularidad está en haber convertido ese universo en una forma coherente de composición. El velorio organiza el encuentro. La poesía expande las letras. La crítica social atraviesa la intimidad. El teclado y el saxo desestabilizan las melodías desde adentro.
Como en Onetti, la oscuridad no es un telón colocado detrás de los personajes.
Es el aire del lugar.
Los integrantes de Salas Velatorias ingresan el ataúd a la sala. El público espera. Las guitarras levantan una habitación y la voz comienza a recorrerla. En algún momento, el saxo abre una grieta. Si no está, el teclado conserva ese espacio.
La canción todavía permanece en pie.
Adentro, algo se mueve.
Banda: Salas Velatorias
Origen: Río Cuarto, Córdoba
Formación: 2020
Integrantes: Federico Palacio, Salvador Velázquez, Juan Venancio Marchio, Iñaki Arsaute, Ernesto Santiago Bojanich Zahnd y Ramiro Montenegro
Instrumentación: Bajo y voz, batería, guitarras, teclados, sintetizadores y saxo
Territorio musical: Post-punk, rock gótico, new wave y pop oscuro
Discos: Salas Velatorias (2023) y Lamentario (2025)
Último álbum: Lamentario
Sección: Lo que viene · Intervalo
