
Hipótesis
El mate dejó de ser cotidiano para convertirse en experiencia estética.
Por Intervalo Salto
El mate nunca se fue.
Pero cambió.
Ya no es solo costumbre.
Es ritual.
Se volvió más lento, más elegido, más estético.
El objeto empezó a importar:
la forma, el material, el conjunto.
El mate dejó de ser solo consumo.
Pasó a ser escena.
Y eso abre un nuevo espacio:
no vender mates,
sino construir momentos.

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